Categoría: Ficción Total
18 Diciembre 2007
Todo comenzó en el trabajo, ese que parecía que iba a ser la bicoca de sus vidas. El éxito acompañó al proyecto desde el principio, pero las jornadas maratonianas no se mantenían sólo con café colombiano y desde el primer día en que apareció el recurso energético se acabó convirtiendo en uno más del equipo. Después pasó a ser utilizado fuera del trabajo y finalmente para vivir.

Mientras, Adela, veía como su marido se alejaba cada vez más, en la misma proporción en que regalos caros iban acumulándose en su casa. Fue una cuestión de tiempo que no apareciese durante días sin dar la menor explicación, dando la puntilla a la pareja.
El final de esta historia no está escrito, o mejor dicho si lo está, pero no seré yo quien lo escriba, no quiero tener ese peso sobre mi.
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17 Diciembre 2007
Adela era la mujer de su vida y la perdió por su afición al consumo de cocaina. Al principio nada hizo pensar que podía haber un problema, al contrario, tras sus primeros escarceos, volvía a casa y con una pasión renovada acometía sus deberes matrimoniales con ímpetu, pero con el tiempo la líbido fue bajando y sus devaneos en medio de juergas u homenajes con otras mujeres apuntillaron una relación que empezó a hacer aguas. Las increibles explicaciones justificando sus ausencias, o sus depresiones post consumo desbocado, hicieron de su convivencia un infierno de broncas descomunales y silencios abismales.

La conoció en el instituto y siguieron siendo novios hasta la universidad, eran días de vino y rosas, de palabras dulces, poemas escritos en servilletas de pizzerías y cursilerías por el estilo pero que llenaban sus corazones de dicha. Se casaron justo en cuanto tuvo su primer empleo y durante un tiempo parecía que la suerte les sonreía pero tras tres años se dieron cuenta de que algo no iba bien porque no conseguían que se quedase embarazada. Las pruebas médicas fueron concluyentes, eran incompatibles, los espermatozoides de Nariz de Plata no podían vivir en el medio hostil que suponía el flujo vaginal de Adela, literalmente morían a su contacto. Estuvieron algún tiempo barajando diversas opciones, pero fueron desechándolas y encima, como una broma de mal gusto, un cancer testicular afectó a Nariz de Plata y los tratamientos le dejaron esteril. Aún así, la pareja no estaba rota y asumían que tendrían que dar un giro a sus planes futuros, pero no por ello dejarían de ser una relación. La entrada de "la blanca", conseguiría lo que el destino biológico no había conseguido, romper la baraja por la mitad...
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15 Diciembre 2007
El apodo de " nariz de plata " le venía de su ídolo Frank Sinatra, de quien se decía que tenía un tabique nasal de dicho metal por su afición a consumir cocaina. La gracia de dicho cantante estaba en su peculiar timbre y que siempre cantaba medio tono desafinado. No tuvo nunca claro si se aficionó a la dama en polvo por imitar al cantante o si simplemente sucedió porque tenía que suceder en un mundo donde todo el que le rodeaba estaba metido en ese berenjenal. Desde su médico de cabecera, pasando por el abogado que llevó su divorcio, hasta los amigos más íntimos, o sus colegas laborales, todos consumían, en distintos grados, pero lo hacían, y Nariz de plata, a veces llevado y otras yendo él mismo, acabó corriendo por el mismo camino.

Al principio sabía que aquello no dejaba de ser algo de vez en cuando, hasta que la facilidad con que conseguía el suministro hizo fácil el hacerlo a todas horas. Fue un problema la financiación, pero dada su buena situación económica, tampoco resultó un handicap insuperable.Al comenzar a conseguirla gratis merced a unos contactos, fuedonde con certeza despegó y ya no hubo freno alguno, ahí fue cuando el matrimonio hizo aguas...
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14 Diciembre 2007
Otro día más en aquella vida que ya empezaba a no ser suya. Nunca tuvo claro cuando fue el momento en que algo esporádico se convirtió en común y después en imprescindible. Aquella raya blanca sobre el mármol blanco de la cocina que su exmujer le obligó a poner, a pesar de que él prefería el tono rojizo, era una ironía en si misma. Desayunaba cocaina para poder despertarse y cenaba valium para poder dormirse, aún así siempre tuvo claro que su matrimonio se rompió antes de que la dama en polvo se instalase. Día tras día se conminaba a terminar de una vez con esa rueda de hamster donde tras odiar esnifar, volvía a hacerlo en cuanto se pasaban un poco los efectos. El regusto amargo en su garganta, ese moqueo, y el anestesiamiento sobre sus labios, eran sensaciones físicas que ya se le hacían insustituibles, nunca se paraba a pensar lo cerca que estaría de acabar como ilustres del consumo y si lo hacía, duraba el tiempo de volver a utilizar su tarjeta de crédito con la pericia que la práctica continua durante años aporta...

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14 Septiembre 2006
Led Zeppelin sonaba en el CD del coche y nada de lo que hacía el coche me parecía correcto. Salí disparado sin ton ni son, sonando el claxon, dando las largas y los intermitentes en una orgía con los limpiaparabrisas que regaban agua en todas direcciones. Se encaminó hacía el cruce elevado, había perdido el control del vehículo y el rápido de las tres treinta por una vez era puntual. Pisaba el freno freneticamente, no respondía, al tiempo la dirección me ignoraba.

El impacto fue brutal, al menos eso dijeron los que lo vieron, porque yo no me enteré, estaba viendo pasar mí vida en un segundo, y eso fue lo que tardó en reventarme, es que no se pueden hacer dos cosas a la vez y pretender hacer las dos bien, aunque haya gente que lo haga, pero ese no es mi caso.
Como fantasma o espíritu errante me enteré por los del CSI que el origen estuvo en el chip de control que gobierna todo el auto... dichosos chip controladores que nadie controla.
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13 Septiembre 2006
La gota resbalaba por el vaso lenta pero imparable, acercó su dedo y frenó la caida. Los largos dedos aferraron el vidrio frio. Con un gesto súbito lo llevó a la boca, la sequedad le estaba matando. Deleitado amén de satisfecho, dejó el vaso y reaunudó la conversación.
- Joder que calor.- dijo.
- Si señor.- replicó el camarero harto de tener siempre la misma conversación. Todos los que entraban decían lo mismo en este caluroso verano, un buenos días, seguido de un ponme una cerveza, el trago, y vuelta con el rollo de la temperatura. Bien es cierto que este año en particular estaba haciendo un calor de tres pares de narices, hasta los bichos se caían muertos por la calle, que no era nada normal, no señor, pero claro uno se hartaba de tanto que calor, pues claro que hacía calor, ni más ni menos que 50 grados, pero desde que se desertizó la península, cada año era peor, justo directamente proporcional, menos árboles, más calor, y lo que nos queda, porque incapaces de asumir el error e intentar corregirlo, solo sabían ir a darle por culo al camarero con el rollo de que hacía mucho calor, como si él no lo supiera.

- Jefe, buenos días, me pones una cervecita.- se oyó decír desde la puerta, puerta que cada vez que se abría y cerraba era como si el infierno exterior quisiera entrar en aquel oasis acondicionado.
Con gesto mecánico producto de mucha práctica, tiró el líquido dorado y espumoso. Hay que reconocer que era un experto, una cuestión de ritmo, algo que no se le daba nada mal. La puso sobre la barra, y esperó el consabido gesto satisfactorio.
Le vió coger el vaso, elevarlo y con ansiedad reprimida ingerir un largo trago. Después...
- Vaya calor, ¿ eh?.-
- Si, señor.- Contestó con tono pausado, porque en el fondo él era un profesional y aunque desease gritarle que si, que hacía un calor insoportable, sabía que aunque esta era siempre su misma conversación, para el cliente era la primera.
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11 Septiembre 2006
Miraba el resguardo premiado con ojos de incredulidad. Allí estaban los millones con los que siempre había soñado. Ese coche que jubilaría a su viejo Seat, esa mansión que sustituiría a su decente pero pequeño piso. Por fín entraría en los restaurantes como un señor, en vez de mirar a través de los cristales como el desgraciado que era... o no era tan desgraciado?????????

Nunca le faltó comida en su plato, aunque tampoco le sobró. Nunca dejó de tener un techo bajo el que dormir y nunca dudó de que sus amigos lo eran por él. Por un momento en que la vertiginosa velocidad de su mente pasaba de unos escenarios a otros, sintió las punzadas de algo que hasta ese instante jamás le había ocurrido, no tenía la seguridad de ser el centro de su vida, notó, con esa clarividencia de asumir la realidad, de que ese dinero sería a partir de ahora, más importante que él mismo, y nunca sabría con certeza si quien estuviese a su lado, fuera por él.

Después de 25 años juntos, con todo lo que da de sí un cuarto de siglo de convivencia, pensó es que su cariño podía dejar de serlo. La sola idea le espeluznó. No se le ocurrió que podría tener todas las mujeres que deseara, solo intuyó, con acierto, que nunca compraría el amor, el real, el de a las duras y las maduras.

Fue en ese instante cuando sujetando el billete equidistantemente lo partió, sin arrepentimiento, mientras una sonrisa se llevaba el regusto amargo de sus anteriores cavilaciones. Seguiría teniendo lo que más feliz le hacía, su vida.
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8 Septiembre 2006
Estaba sentado con las piernas colgando. Meditaba sobre su vida, su trabajo, su matrimonio, sus hijos y por más vueltas que le daba solo podía sentir un desapego absoluto, nada le importaba, nada le parecía importante.
Miró al vacio desde su vacio y cayó en la cuenta de que estaba ante una encrucijada, la depresión hacía mella profunda en su ánimo, veía que tirarse desde aquel puente no era una mala idea, tan solo una idea.
No era la primera vez que se encontraba en aquella situación de desolación mental, en el fondo, sus depresiones eran periódicas, a veces más distanciadas, a veces más seguidas, pero hoy, estaba en el lugar adecuado, en el momento justo y podía tener poder de decisión. Debajo, el rumor del agua era como una banda sonora subliminal que parecía decirle - ! Tírate ¡ -.

El tiempo estaba congelado, por ello no se percató de cuanto llevaba allí, hasta que una suave mano se apoyó en el hombro. Como ensimismado giró la cabeza, y allí estaba ella, con una tenue sonrisa, con unos ojos húmedos. Solo dijo - Volvamos a casa- y saliendo del aletargamiento bajó del puente y caminó pesadamente sabiendo que hoy no era el día.
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