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La Coctelera

Uncultivador

La mentira tiene las patas cortas y la verdad ofende.

23 Noviembre 2005

Una de amo de casa

Yo soy amo de casa y se hacer las cosas bien, regular y mal, aunque en las cuestiones de limpieza no hay regular, sólo limpio, que es todo lo que no es sucio. El resto, diferentes escalas o matices de lo sucio. Evidentemente cuesta mas hacerlo bien, pero indudablemente queda mejor y dura mas tiempo limpio, con lo cual al final hacerlo mal conlleva que antes tendrás que volver a, digamos por caso, fregar, y acabas lo comido por lo servido.
Las “tareas del hogar”, son menospreciadas, iba a decir desde el punto de vista laboral, pero lo cierto es que lo son desde cualquier punto, siempre claro está del que no las hace. Físicamente supone un claro esfuerzo, tanto a nivel muscular, como de coordinación, que danzar con un cubo de diez litros y un palo de fregona por una escalera angosta no es algo simple, a no ser que seas gimnasta. Hay días cuando estoy limpiando los cristales o espejos de la casa y recuerdo la película Karate Kid, cuando el chaval quería “karate” y el abuelo lo pone a lijar, pintar, de todo lo posible y Dani, que era el nombre ficticio del protagonista, con los hombros destrozados, como en ningún gimnasio le hubiesen puesto, aprende tanto a coger fuerza como destreza en la parte superior. Así que el aspecto de dureza física está demostrado para los que las menosprecian.
Al principio, ingenuo de mí, todo lo reducía, como la mayoría de los hombres, a barrer, fregar y quitar el polvo, amén de cocinar y su logística, o vulgarmente “la compra”. Pero pronto descubrí un nuevo paquete adosado, con desinfección de baños, limpieza de muebles, el universo de los cristales y derivados como los espejos y cuadros, así como el sinfín del jardín. Pero sin que pasase demasiado tiempo se vio complementado con educación de niños, diferentes tipos de madera, pulido de metales y, como no, la sección de mantenimiento de electrodomésticos. Estos nacidos para aligerar el trabajo, en realidad no son robots que lo hagan todo, que va, se han de llenar, vaciar, tender y recoger en el caso de la ropa, que en mi vida ni siquiera en mis mejores sueños eróticos pensé que iba a tener tantas bragas en mis manos. Sacar y colocar en el del lavavajillas, invento al que además de echar el jabón, me enteré que necesita sales y un líquido especial para la cristalería, y yo toda mí vida lavando con un solo producto que me quedaban la mar de limpios, incomprensible mi ignorancia.
No voy a hablar de la cuestión económica pues de todos es sabido que en el caso que hablamos no existe, a no ser que sea en la casa de otro. Esto es un claro agravio comparativo, ya que si en un lado es merecedor de emolumentos en el otro el único agradecimiento es el moral – Huy, que limpio y recogido lo tienes- tu, con educación no respondes o lo haces con mesura, aunque te dan ganas de decir – nos ha jodido, llevo toda la mañana como un cabrón dejándome el alma aquí- porque claro has de hacerlo por la mañana, ya que la tarde debes de dejarla para trabajar con tus hijos, los cuales después de estar todo el día en el colegio aprendiendo, tienes que enseñarles tu, cosa por la cual tampoco cobras.
Algo que no quiero dejar pasar ahora que tanto se habla de la jornada de 35 horas, del horario de la casa. Esta no tiene, así de simple. Ni navidades, semana santa, vacaciones, puentes, fines de semana y si me apuras ni la miserable media hora del bocadillo, cuyo mayor interés es departir con los compañeros en alegre algarabía al borde de la barra del bar, mientras el olor a cálido café y crujientes tostadas llega a tu pituitaria. Sentarse solo en penumbra, con el ruido de la lavadora, no es igual.

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Si es que soy inclasificable cogiendo todas las definiciones que podría contener. Está claro que soy un "puto rojo", eso fijo, y encima cultivo ... Tengo una mala costumbre, leer, y además variado. La historia me gusta, pero no soy un historiador, y quizá ya he sacado de ella lo que tenía que sacar. No soy escritor, aunque escriba. Un par de días por semana voy al gimnasio a mitigar el paso del tiempo, mantenimiento para adultos de un entrenador de culturismo, el narcisismo lo superé en su momento. Mas no es mejor fue una frase que aprendí allí, luego la apliqué a otras facetas. A veces toco la guitarra a pesar de ser un manotorpe. 45 años, cinco hijos, y unas cuantas bofetadas de la vida.

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