Aguantarse
El análisis pormenorizado de las cosas, no implica su solución. Aunque lo que seguro que no las soluciona es la actitud del avestruz. Ustedes se estarán preguntando por que le ha dado a este por el rollo filosófico, pues muy simple, tengo un problema localizado, analizado y sin solución, al menos desde mi persona, con lo cual, me como el marrón sin poder hacer nada. Esto causa gran desasosiego a pesar de mi visión hinduista de la vida, y sobretodo de los problemas, “si no tiene solución por que te preocupas, y si la tiene para que te estas preocupando”. Claro que del dicho al hecho hay mucho trecho y cuando te enfrentas a una cuestión en la que te hayas implicado y te ves tan impotente, no puedes evitar los sentimientos más incontrolables.
Cuando estoy en este estado me vuelvo muy hacendoso, friego, barro, paso la aspiradora, pongo la lavadora, cocino, realizar labores manuales obliga a mi mente a darse un respiro. No soy el primero que lo hago y seguro que no seré el último. Es como ir al psicoanalista, pero más barato y más productivo. Algunos dirán que es una forma de huir, pero es todo lo contrario, porque al final estas solo tú y si eres honrado a ti no te puedes engañar, quizás te lo auto maquilles pero en estas sesiones las cuestiones son recurrentes y si no les das una salida que no te convenza, vuelven y vuelven como las mareas, todos los días, todas las semanas, todos los meses, todos los años, siempre vuelven hasta que tu decidas ponerle un dique.
Dirán ustedes cuando nos va a explicar lo que pasa, pero es que el problema en si no es lo importante, hoy estoy echando mano de ustedes para satisfacer mis inseguridades al tiempo que relleno la página, por lo tanto que el jefe de mi mujer sea un imbécil en realidad no les incumbe, además con muchas probabilidades tengan ustedes uno, así pues, que les voy a explicar. Ya sé que alguno que me conozca dirá – con esos cien kilos que tienes, dale dos bofetones con esas manos que Dios te ha dado como tortillas de patata de una docena de huevos.-. Y ganas no me faltan, se lo puedo asegurar, pero es que no soy yo quien tiene que solucionar esta guerra, la batalla la ganaría, pero la guerra la perdería mi esposa.
Así pues, comprenderán la tesitura en que me hallo y los avatares mentales a los que me enfrento, agradecería soluciones viables, ya que de las otras se encarga mi cabeza.
Que difícil resulta hacer lo correcto sin que te produzca un trauma, que sencillo abandonarse a instintos primarios. No daría yo algo por poder ponerle la mano encima, y dejar salir a la bestia que mí mente mantiene encerrada, hacerle sentir el miedo que produce en sus subordinados, la humillación que supone no tener libertad para replicar las necedades que te ordena, en definitiva darle a probar su propia medicina, a ver si así reacciona modificando su trato, o al menos se va “calentito” para casa, y yo sumamente satisfecho.
Será un comportamiento aprendido, o por el contrario estará establecido en sus genes el ser así de capullos. Quien lo sabe, yo tuve que sufrir a uno de estos en mis carnes, y en su caso era una cuestión de ADN, por que su padre era igual, igual de querido por sus empleados, como lo era él.
En fin, nuevamente no he solucionado nada,
pero al menos me he desahogado un rato que era de lo que se trataba. En cualquiera de los casos se aceptan sugerencias, ya saben a que dirección remitirlas, ¿ cómo?, que no lo saben, si hombre, calle Desesperación esquina a Esperanza de que le parta un rayo por la mitad.
