Que alegría, que alborozo, a mí niña le han dado el alta.
Ayer fue un gran día sin que el anuncio de alto el fuego permanente de ETA tuviese nada que ver.
A las tres de la mañana me despertaba con un agudo dolor de cabeza en la zona occipital, idéntico al del sábado pasado, pero esta vez no cometí el error de intentar aguantar, y raudamente, en la medida de lo que una persona de madrugada, a oscuras, con la cabeza como si estuvieran mil enanos con mala leche pinchando desde dentro con punzones puntiagudos, puede serlo, ataqué, sin dilación, el botiquín buscando "algo", que ingerí. Tres cuartos de hora después tumbado en el sofá del salón, volví a dormirme, hasta que apareció mí mujer a las siete menos cuarto. No estaba como nuevo, pero al menos podía pasar la ITV.
A las diez de la mañana teníamos cita con el neurólogo para Angelita "dinamita"
, apodo cariñoso que se ganó a pulso en su adorada infancia, que no es que sea ahora muy mayor, 12 años, pero ya va teniendo menos de niña y mas de ...bueno ese paso previo a ser mujer. Llegamos algo antes, por aquello de que tengo la manía de ser puntual. Tampoco sirvió de mucho, ya que estuvimos esperando una hora y diez minutos, que digo yo para que te citan a las diez si no te van a recibir hasta las once y diez, porque justo, justo, no va a poder ser, y un margen de espera uno lo da, pero cuando el reloj se acaba cogiendo a si mismo es una exageración, pero ya que ETA había hecho un alto el fuego, no iba yo a montar un pollo. Con estoicismo y un 20 minutos gratuito, aguantamos hasta que por fin nos introdujeron en la consulta. El neurólogo, un prodigio de amabilidad ( ironía, sarcasmo, os aseguro que en las múltiples visitas a la consulta no le he visto sonreir ni una sola vez), revisó las pruebas y decidió dar el alta después de tres años de idas, venidas, EEG con privación de sueño, sin el, analíticas, radiografias, etc, ya que no se había vuelto a repetir el episodio epiléptico como aquel día de verano en la cocina, aunque también sin saber porque se produjo, y probablemente nunca lo sepamos.
La alegría de los padres es muchas veces ver alegres a nuestros hijos, y ella lo estaba sin lugar a dudas, se había acabado el tomar todos los días mañana y noche, la pastilla, las pruebas, las citas. Era como una pesada carga que dejaba atrás...y nosotros también.

pálpitos dijo
Enhorabuena por la niña, a veces la salida de la infancia cursa con episodios como ese del ataque...como a veces los padres preocupados hacemos síntoma por los hijos (dolor de cabeza?), un saludo. Me gusta sublog.
Nota: que envidia me dá usted con 5 hijos y que miedo me daría tenerlos yo
24 Marzo 2006 | 09:02 AM