Lo provisional.
La especie humana en el mundo ha evolucionado siempre a remolque de algo provisional, de hecho es el sino del prototipo, sin la provisionalidad hoy no estaríamos donde estamos aunque haríamos bien en preguntarnos donde estamos.
¿ Qué se esconde detrás de lo provisional?, indudablemente la virtud del ahorro, por que el que te lo hagan y los materiales cuestan dinero y tu que eres una hormiguita de tu casa, razonas que mejor lo haces tu y sólo te gastas lo material. Es un craso error esta creencia fundada desde su inicio en unos supuestos que no son ciertos. Primero no cuantificas el tiempo que vas a usar, tu tiempo, si ese el tuyo, que para empezar tiene valor incalculable cuando no tienes ganas. También está el tiempo de los desplazamientos, el tiempo de los atascos si te tocan, que te tocaran porque todos usamos el mismo tiempo, el de aparcar cuando llegues y no haya sitio en la inmensa explanada, toda llena de coches, que más parece un concesionario de segunda mano superlativo que el parking del “ León” Merlín, que eso de Merlín tendrá su origen en lo mágico que será que entras a comprar una cosa y siempre sales con el carrito que parece que vas a reformar el Taj Mahal.

Nos come la avaricia y en plena efervescencia compradora, vas cogiendo a diestro y siniestro todas las chapuzas y no tan chapuzas que tienes que hacer en casa para ahorrarte dinero, fina ironía, además de costosa.
Llegas a casa después de gastarte en gasolina lo que él que te lo hubiese hecho se habría sacado de descuento en los materiales por ir a almacenes para “profesionales”. Descargas a tomar por culo como siempre que tienes que llevar algo que pese a casa, emulas a los esclavos de la pirámides y llegas por fin a tu piso que está justo en ese piso que no sabes si subir en ascensor o en escalera por no esperar, un tercero, de todas formas esa decisión existencialista queda solventada por un cartelito que dice, como es lógico, averiado así sin mas explicaciones que no es que sirvan de nada, simple curiosidad informativa que suele tener uno.
Al ver la entrada de tu casa abarrotada de herramientas, materiales y otros útiles, dejas por un momento que tu imaginación vuele y visualice las cosas hechas, limpias, luminosas hasta que la voz de tu conciencia te despierta devolviéndote del sopor a la sórdida realidad, todo tirado sin orden ni concierto. Como una de las bolsas de cemento cola se rompió, toda la escalera marca un rastro inequívoco hacia la puerta de tu casa, con lo cual mañana por la mañana a primera hora el presidente de la comunidad, la portera que tiene funciones de señora de la limpieza y su hijo el “ tarado” de 35 años que va con ella a todas partes como si fuese su sombra, sempiterno imbuido en su mundo, no habían dado con la tecla para diagnosticar cual era su enfermedad por eso en su expediente tan sólo ponía la palabra mental de forma cáustica, se personarán ante el umbral de mí piso, posando su dedo índice en mí roñoso timbre. Soportaré estoico las acusaciones, que yo tildaré de injustificadas, ellos mostraran la evidencia de mís "migas de pan" y yo en un gesto que deploro pediré disculpas. Para evitar males mayores, acabo fregando la escalera como plus.
A estas alturas aquella fuerza arrolladora que impulsaba tus actos, y que en bioquímica se llama adrenalina, se ha diluido como los mojones que la gente hace en el mar de la inmensidad azul que siempre sale en los folletos de viaje. Tu cuerpo acusa el esfuerzo realizado y tienes una bajada que hace que te sientes. Es un buen momento para reflexionar donde te has metido. Ves todo revuelto y la apatía tiende sus redes hacía ti, decides organizarlo un poco, lo justo para que quede un pasillo que te deje entrar y salir mientras acabas, dices para ti que según se realicen cosas se irá vaciando paulatinamente. Nuevamente la magia de Merlín se realiza, siempre siguen habiendo cacharros. Es como si se reprodujeran por esporas tal cual hongos.

Seis meses después todo igual se haya, todo menos tu integridad psicológica, lo que te iba a ahorrar dinero es un pozo sin fondo y además empiezas a tener cargo de conciencia social por que le estás quitando el trabajo a un pobre hombre, que seguro que tiene una familia a la que dar de comer, vamos que sientes indignación de ti mismo, te avergüenza mirarte a los ojos al lavarte los dientes tres veces al día como te ha dicho tu actual dentista a la que haces caso, no como a los otros anteriores, por que está más buena que un Ferrero Rocher y aspiras a llegarle a interesar patéticamente aunque sea por los dientes que es lo más íntimo que te mira. Claro que en tesituras parecidas están el resto de hembras que entran en contacto contigo, que ligo menos que un sepulturero.

Con un poco de suerte, igual hasta acabas, claro que con un coste infinitamente superior a lo planificado, sin que ningún vecino te hable, que maldita la falta que te hace, eso si, y con un sentimiento vago de haber hecho el canelo, y por supuesto sin haber ligado con la dentista.

Marta dijo
AH JAJAJAJAJAJAJAAAA!!!
Pero bueno... Quién nos mandará a nosotros meternos en estos lares...
Mira. Yo sé que no consuela, porque vosotros los hombres tenéis un instinto raro que os empuja a emular a los antiguos constructores de catedrales.
Pero yo, no sé si como mujer, persona o ser descerebrado, decidí al poner la primera balda de mi casita (a la que alegremente me fui a vivir sola y sin miedo) que era lo primero y último que montaba.
Como buena hija acudí a mi padre, que me instaló el microondas en su posición actual, es decir, a 1 metro 90 del suelo en la cocina, con lo que para calentar el café mañanero me tengo que subir a la escalera y arriesgarme a sufrir quemaduras graves. Bien. Ya no cocino con el microondas y el café me lo tomo tibio por si acaso.
Por ese motivo pedí ayuda a mi novio de aquel entonces. Tras muchos desencuentros y hacer un desconchón del tamaño de Europa en mi dormitorio se acabó nuestra relación.
Y DECIDÍ (y ha sido una de las decisiones mejor tomadas de mi vida) que por muy Ingeniera que yo sea no tengo por qué tener un sentido real de la verticalidad, conocimientos de pladur ni mucho menos, los misterios del taladro en el cuarto de baño.
Desde entonces cada vez que me compro un mueble incluyo gastos de desplazamiento y montaje, por mucho que le jorobe a mi marido. Si algo se rompe (pila, electrodoméstico, enchufe...) llamo al profesional de turno de forma inmediata.
Es el precio por el no divorcio.
Y me va mucho mejor.
Admiro a los que, cuando voy al Leroy a por un perchero, los veo con el carro lleno de grifos, silicona, mamparas, baldas, tiradores y demás adminículos.
Si ellos son manitas yo no. Y me temo que deberías hacer lo mismo... Efectivamente hay profesionales del sector que lo hacen fenomenal y tendrán que pagarle los estudios a sus hijos, no?
Pero me ha hecho mucha gracia!!!
Mucho ánimo para poder acabar....
Jajajaja...
20 Junio 2006 | 11:08 AM