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La Coctelera

Uncultivador

La mentira tiene las patas cortas y la verdad ofende.

30 Junio 2006

Los jefes ( Trabajar no es sano 2ª parte)

Son esos seres que juegan a ser Dios con aquellos que tienen debajo. Todo aquel que abusa de su cargo para bien humillar o maltratar de cualquier manera a sus empleados, esconde un profundo complejo de inferioridad, que difícilmente será superado, pues al ser jefes creen que tienen la razón. Aplican el decálogo de los jefes, que se hizo en plan sarcástico e irónico, como si de su Biblia particular se tratase. Los pobres jamás tendrán la inteligencia necesaria para comprender el humor con dos dedos de cerebro, y lamentablemente no captaran que ese decálogo se hizo para que reflexionaran que esa es la manera en que “no”deben hacer las cosas.
Unos se dedican simplemente a volverte loco haciendo que busques desesperadamente, previa bronca monumental, algo que ellos han perdido. Al cabo de gastar una hora de tu trabajo útil, te llama diciendo que lo tenía encima de la mesa. Por supuesto no se disculpa, ya que eso sería reconocer que se ha equivocado, y eso no puede ser ya que le haría perder el respeto. El respeto ya lo has perdido, subnormal desorganizado, recupera un poco de dignidad ante tus empleados, porque el respeto se gana, no se impone.
Otros piensan que el trabajo consiste en echar horas y horas. Cuando comprenderán que la productividad no consiste en ocupar tu actividad laboral todo tu horario, fines de semana y festivos. Si esto fuese así los países subdesarrollados que son los que más horas echan del mundo serian los más productivos. La clave no son las horas si no los objetivos conseguidos en esas horas. Claro siempre hay que quedarse un poco mas, sin pagar por supuesto, pero ¡ay¡ de ti como llegues tarde algún día, por que el horario de salida es flexible, pero el de entrada es más rígido que los fundamentalistas talibanes.

Algunos aun no se han dado cuenta que ya estamos metidos de lleno en una globalización en cuanto a métodos de trabajo, lo que te obliga a usar el ordenador como una herramienta del mismo, que ahorra tiempo al final... si sabes usarlo claro. Les asusta sobremanera no poder adaptarse a los tiempos, lamentablemente impiden que los demás organicen su tiempo productivo con dicho elemento. Resultado mas tiempo perdido por no reconocer sus limitaciones y lo que es peor lo único conseguido es un aplazamiento, por que por muy bien que te vendas en la barra de un bar, al final se coge antes a un mentiroso que a un cojo y doy fe de ello. Lo mejor sería que si no estas capacitado para aprender, apoyarte en alguien que si sepa y que puedas confiar, claro que para hacer una cosa así hay que tener por un lado el valor para asumir nuestra inferioridad, y por otro una madurez para solicitar ayuda mas allá de lo superficial.
Un jefe es como un padre, debe de ayudarte a sacar el mejor partido de ti mismo. Hay muchos padres que no saben ser padres así que difícilmente podrán ser buenos jefes. El jefe que tiene que vociferar a sus empleados, es alguien que no sabe explicar las cosas, probablemente por que no las sabe, y es muy difícil explicar aquello que no se sabe, es más fácil decir ¡niño, estudia!, que enseñarle a estudiar, es mas sencillo ser un déspota de mierda, que intentar aprender. Además cuando le gritas a alguien, que en definitiva no puede defenderse, como medida de autoprotección se bloquea, incapacitándose por completo, y que alguien me explique para que vale alguien bloqueado. Ya sé, al que grita para escucharse, hasta que se quede completamente solo con su propia miseria. (cosa de la que también puedo dar fe)
En mi vida laboral he tenido la suerte de encontrar jefes buenos que me enseñaron mucho y bien. Me mostraron la satisfacción del trabajo bien hecho, la responsabilidad de mis acciones y me ayudaron a evolucionar como persona. Por desgracia también conocí a inútiles aupados gracias al “don de gente”, ignorantes integrales que no sabían hacer la o con un canuto, ni con el otro. Chulos en su mayoría cuya cobardía alcanzaba cotas de mercado, que para colmo no tenían ni media Ostia, ellos me enseñaron a odiar y desear cosas que creía tener desterradas de mi alma en mi condición de ser humano.

servido por Uncultivador 2 comentarios compártelo

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Davichof

Davichof dijo

Holas, muy poco tengo que añadir a lo que has (un análisis muy bueno por cierto). Lo peor de todo es que un jefe/a (porque me hace mi gracia eso de que las mujeres son más sensibles en la jefatura) moldean el ambiente de la empresa a su personalidad. Así, si el tipo es un cuadriculado obtuso la empresa será así y más si esta fuertemente jerarquizada. En fin hasta que uno sea autónomo o montes tu propia empresas (tanto los unos como los otros no hacen más que quejarse también: que si pagan mucho, que si llegan a saberlo no la montan,etc.) o que nos toque la lotería (esos no quejan nada, ni respiran vamos) o nos jubilemos, habrá que seguir aguantando jefaturas. Un saludo

2 Julio 2006 | 11:59 AM

urizen

urizen dijo

Yo pensaba igual que tu....

"ellos me enseñaron a odiar y desear cosas que creía tener desterradas de mi alma en mi condición de ser humano"

Hasta que me converti en "Jefe", soló entonces comprendí muchas cosas. Igual que tu pase por esas amargas experiencias. Las mismas que me enseñaron que ser empleado no es facil y que ser jefe es aun más dificil...

La pregunta es: ¿Que tipo de jefe seremos?

Saludos ^v^

6 Julio 2006 | 09:45 AM

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Si es que soy inclasificable cogiendo todas las definiciones que podría contener. Está claro que soy un "puto rojo", eso fijo, y encima cultivo ... Tengo una mala costumbre, leer, y además variado. La historia me gusta, pero no soy un historiador, y quizá ya he sacado de ella lo que tenía que sacar. No soy escritor, aunque escriba. Un par de días por semana voy al gimnasio a mitigar el paso del tiempo, mantenimiento para adultos de un entrenador de culturismo, el narcisismo lo superé en su momento. Mas no es mejor fue una frase que aprendí allí, luego la apliqué a otras facetas. A veces toco la guitarra a pesar de ser un manotorpe. 46 años, cinco hijos, y unas cuantas bofetadas de la vida.

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