El viaje
( Continua)
El lunes nos despertamos con la sorpresa de que a mí hijo Carlos se le había roto la patilla de las gafas. Nos pusimos en marcha para buscar una óptica donde se comprometieran a hacerlo en el mismo día, ya que el martes saliamos hacía Avila. Nos dijeron que a las siete las tendrían. Tras recogerlas nos marchamos a ver a mí cuñado que vive en Madrid. No tuvimos mayores dificultades para ir a través de la M-40, pero volver fue un suplicio. Nos equivocamos de salida y dimos más vueltas que una peonza. Hubo un momento en que nos sacaron de la M-40 y no tenía ni idea de donde estaba, por suerte conseguimos llegar a la estación de Chamartín, no me pregunteís como, y desde allí a la avenida de la Ilustración, y por fin otra vez a la M-40. Ciertamente Madrid es un agujero, pero encima mal indicado, de hecho el único sitio donde nos hemos perdido en todo el viaje ha sido en la capital de España, y eso que he nacido allí.

El martes empezamos el recorrido iendo a Avila. Después de dejar el coche en el parkig de Santa Teresa al lado de la murralla, llegamos a la catedral y nos enchufamos a una visita guiada, que echando cuentas de lo que valía entrar en cada sitio nos salió bastante más rentable que ir por libres.

Vimos la catedral al completo,
hicimos un recorrido por la ciudad y estuvimos en el Convento de Santa Teresa, finalizando con una explicación sobre la muralla en el exterior de la misma. Por nuestra cuenta nos acercamos a la iglesia de San Vicente.
Teniamos una disyuntiva, comer en Avila, o marchar hacía Salamanca y hacerlo allí. Optamos por tomarnos un helado para acallar las tripas y seguir viaje hasta el primer hotel que teniamos reservado, justo al lado de la Torre del Clavero, en pleno centro. Meter el coche en el parking del hotel fue muy complicado porque los tres metros entre ejes en aquella curva al segundo piso entraban tan justos que nos costó imnumerables maniobras, encima para rematar la faena la caldera estaba estropeada y el agua de la ducha salía fría. Después de ducharme, el resto no tuvo valor, empezamos a recorrer la ciudad, viendo una de las dos catedrales, que están juntas, al día siguiente veriamos la otra, previo pago, el Convento de Las Dueñas, el puente romano, la Iglesia de San Cipriano, y cenamos en la Pza. Mayor. La Casa de las Conchas,
la Universidad Pontificia, Palacio de la Salina, la Universidad, las Escuelas Menores y el convento de San Esteban y el jardín de Calisto y Malibea en la mañana. Compramos unos bocadillos en la Rua Mayor con la intención de comérnoslos por el camino hacía el siguiente destino, Zamora.
( Continuará)

contemplando el infinito dijo
¡Que envidia! un viaje precioso, por cierto ... que edades tienen tus hijos, pues ir con la familiona ya es mérito (ojo que lo hacemos todos, creo yo), que si calor, que si cansancio, que si me aburro, que si cuando nos vamos?, que si... ¡aaah! me ponen del nervio pero son nuestros tesoros no?. Seguire tus aventuras y desventuras. Saludos.
Marycharo
Pdt.: si te sirve de consuelo yo soy madrileña y antes de ayer mismo me volví a perder en mi querida M-40 (¡¡...ditas obras!!)
25 Julio 2006 | 11:05 AM