Tercera entrega del viaje.
( Continua)
Astorga es famosa por sus mantecadas, de hecho no puedes dar dos pasos sin ver algún cartel ofreciéndolas. Aparcamos a los pies de la muralla que debió ser escenario de alguna batalla entre romanos y astures. Entramos en la catedral, escasamente diez minutos pues iban a cerrar, y ya nos llamó la atención las vidrieras, que hasta ahora habían sido escasas. Justo al lado está el palacio de Gaudí, obra arquitectónica digna de mención.

De allí marchamos a lo que sería el sitio que si se les preguntase a mís hijos que es lo que más les había gustado, habrían dicho; el museo del chocolate. Cuando la chica explicó que habían dos pisos y dos habitaciones, una de ellas para degustación de chocolate, hacía allá se dirigieron mís retoños a "jartarse" del dulce marrón. Les importaba un bledo los molinos de cacao, de donde se extraía, quien lo importaba, etc, lo único clave era comérselo, que uno se preguntó en aquel instante si no hubiese sido mejor haber ido al Carrefour, por decir algún sitio donde vendan chocolate, y haberme ahorrado el viaje y sus múltiples quejas.

Salimos con el tiempo para llegar a León a comer. Si las vidrieras de Astorga nos llamaron la atención, las de la catedral de León nos impresionaron. Era media tarde y la luz entraba rompiendo los múltiples colores, no me extraña que la gente estuviese enganchada a la religión con semejante espectáculo visual.

Estuvimos en San Isidoro donde se encuentran enterrados los diversos reyes leoneses.

Vimos por fuera la Casa de Botines de Gaudí.

Convento de San Marcos, Palacio de los Guzmanes y Nuestra Señora del Mercado completaron la visita. Subida al coche y en marcha hacía Burgos.
( Continuará)

msdalloway dijo
Je,je, claro, la casa de los Botines no te la dejan ver por dentro... En Astorga les tenías que haber mandado comerse un cocido maragato, o un botillo!
Bss
13 Agosto 2006 | 12:45 PM