Fin del viaje.
Sí en Burgos el hotel dejaba mucho que desear, en Valladolid fue lo contrario. Novotel tiene la política de que los hijos menores de 16 años que duerman con sus padres ( en un sofá cama) no pagan habitación. Fueron amables, que digo amables, amabilísimos. Llegamos por la tarde y nos fuimos a la piscina a darnos un baño. Una vez recompuestos nos marchamos a ver Valladolid. Aparcamos en un parking entre la Academia de Caballería y Casa Mantilla. De allí fuimos hacía la Pza. Mayor, hasta el Monasterio de San Benito, de paso vimos el Mercado del Val. Cenamos en un pequeño y acogedor restaurante, en una de las salidas de la Pza. Mayor, cuyo plato principal eran los huevos con patatas, acompañados de una ensalada de tomate del "terreno", palabras textuales. De vuelta al hotel me percaté, supongo que por ser de noche los luminosos me llamaban más la atención, de la cantidad de bancos que había para ser una ciudad de 350.000 habitantes. Llegué a contar tres sucursales del mismo banco en una sola calle. Al día siguiente desayunamos en el hotel, que fue otro punto más para él, ya que salió relativamente barato. Marchamos de nuevo al parking del día anterior, y nos encaminamos hacía la catedral, viendo al lado la Universidad y después la iglesia de Santa Maria de la Antigua.´

En un principio íbamos a ir a Lerma, pero decidimos sobre la marcha cambiarlo por Tordesillas, la del famoso tratado entre España y Portugal.
Allí vimos, como no, el Museo del Tratado, Museo de San Antolín, la Plaza Mayor de finales del siglo XVI, el Convento de Santa Clara y la Iglesia de Santa Maria, que no estaba abierta al público, pero estaban preparando una boda y nos colamos dentro, sin darnos cuenta, todo hay que decirlo. Allí nos recomendaron que comiéramos en Arévalo, que nos pillaba de paso hacía Segovia que era donde teníamos previsto tomar el famoso cochinillo. Por el camino, echando cuentas del tiempo, y la hora, optamos por hacerles caso.
En Arévalo sólo paramos a comer, y fue una gran idea.
Llegamos a Segovia sobre las cinco de la tarde y acabamos en el Alcazar, entre otras cosas porque la carretera nos terminó llevando allí.
Estábamos bastante cansados y por eso pillamos la entrada que no da derecho a subir a la Torre. La catedral la vimos desde fuera mientras marchábamos a dejar el coche en un parking cercano al Acueducto, a fin de hacernos las fotos de rigor.

Llegamos a Madrid a la hora de cenar, hicimos noche en casa de mí madre, y por la mañana vuelta a Sevilla y fin del viaje.

contemplando el infinito dijo
Un viaje muy bien aprovechado teniendo en cuenta la prole con la que ibas ... y ahora, a disfrutar de los calores de Sevilla ¿no?
Saludos.
Marycharo
29 Julio 2006 | 04:17 PM