Me tocó la guinda
Otro día duro que parecía que nunca se iba a acabar y que tuvo guinda por la noche. Sé que en este trabajo por sus características hay muchas posibilidades de que te toque determinado tipo de gente, pero al ser un bar de comidas, es más difícil.

Llegué a la barra en uno más de mis múltiples viajes patio-barra, llevaba una comanda que relaté a "C", a mi izquierda un caballero tropezaba con el reposapies, y ya me percaté, a través de una simple mirada con "C", del lamentable estado en que se encontraba. Se colocó a mi lado y puso una mano sobre mi hombro, el cual bajé para desembarazarme de él, mientras decía que no yo no era soporte de nadie, y esquivándolo por su espalda en una hábil y rápida maniobra, me metí en la barra a prepararme las tapas.
Al salir, me lo encuentro que está dando la brasa o coñazo, a cuatro señoras que estaban en la mesa 8. Monté la panera con el pan, lógicamente, y los cubiertos que junto a un par de tapas iban a la mesa 7. Esperaba, que como otras veces que habíamos tenido borrachos, acabase por irse, pero fue entonces cuando escuché ya a una de las señoras decirle - déjanos ya y márchate.- y no me quedó mas remedio que intervenir.
Le agarré por el brazo al tiempo que le decía que se marchase, él se revolvió ofendido, y nos enzarzamos en una serie de réplicas sobre que si él era un caballero de Sevilla, y yo le contestaba que un caballero no molestaba a las damas, al tiempo que imperatívamente le conminaba a salir afuera de manera reiterativa hasta que conseguí llevármelo a la calle. Allí me amenazó con venir a darme un tiro, a distancia, a lo que le contestaba que eso sería si seguía vivo, en clara referencia a como podía quedar si perdía los nervios. Comenzó a ponerse en plan "palomo", sacando pecho y arrimándose cada vez más, ante cada acercamiento, le decía - no me vacile- que repetí dos veces, hasta que en la tercera con su cara cerca de mi cara solté - no me vaciles- y ahí se acabó su chulería, porque se dió cuenta de que había dejado de tratarle de usted, ese escudo que en el fondo le protegía. Desde ese momento tuvo claro que si me tocaba soltaría la mano porque ya se había bajado el listón, metió su rabo entre las piernas y se largó.

Cuatro mesas tenían gente en ese momento, y de todas recibí felicitaciones sobre como había manejado el asunto, la entereza y la manera de mantenerme en mi sitio sin dejarme arrastrar.


despistada dijo
Jjajajajjajaja... no sé, pero las hormonas se me revolucionan con estas cosas.
Felicitats por haberte mantenido en tu sitio, es una de las mejores cualidades de un camarero.
29 Junio 2007 | 11:31 AM