Men in black, o inevitable asunción de la realidad
Caminando bajo el sol vestido de negro de la cabeza a los pies, mi uniforme de trabajo como un men in black cualquiera, atraigo sus rayos con fruición, casi diría que con avaricia o egoísmo. Son quince minutos en los que las sombras son tan escasas como mis posibilidades de forrarme con la bonoloto, que existen pero son mínimas.

Ayer ha sido el peor día en nuestra historia, nadie, y digo bien ese nadie, se sentó en el patio en todo el día, ni en las comidas ni en las cenas. Era tal el calor asfixiante y agobiante, que no me queda ninguna duda de la razón por la cual tuvimos tan mal día. Todo lo vendido fue en el interior, que es bastante limitado pero con aire acondicionado, si no, ni siquiera hubiéramos sacado los doscientos euros que al final hicimos.

“JC” se acabó marchando sobre las diez y nos dijo que chapáramos a las once, cosa que por supuesto llevamos a cabo “J” y yo sin dudarlo. Fue un día tedioso y aburrido, largo sin fin, donde el reloj en sentido literal marcó nuestras horas.
Hubo un momento que hasta sentí pena por mi jefe, cuando le vi sumido en la aceptación de la inevitable realidad. Se le cayeron sus cábalas sobre como iba a ser este mes de julio y aferrado a la esperanza de que no hubieran muchos días de calor como este, para poder sacar al menos para los gastos.


despistada dijo
Pero qué ocurre, (aparte de la temperatura en la terraza) porque no hay gente?
6 Julio 2007 | 11:01 AM