Tintonic o el bar de nunca jamás.
Estuvo “C” todo el día para aquí y para allá a ver si conseguía que “JC” le dijese que lo iba a echar a final de mes. No hubo manera de que se atreviese, imagino que se lo soltará el último día. Primero vino al final de la mañana, que luego me enteré de que se había citado con el marshall fuera del bar. Más tarde apareció al principio de la tarde y al cabo de un rato se marchó sin que tampoco le dijese nada. No sé si aparecerá hoy, supongo que si, pues lo que “C” quiere es que el otro tenga el valor de decirle que no le va a renovar el contrato porque está de baja, algo que por cierto no sé si se puede hacer. Tampoco es que yo tenga muy claro que es lo que pretende conseguir, quizá echarle en cara que para ser su “colega”, se va a portar algo perro, claro que esto podría tener otra lectura, y es que para una empresa pequeña tener a un trabajador de baja supone un handicap importante, ya que si lo sustituyen es un doble gasto para el empresario, y si no, quienes asumimos ese trabajo somos el resto de los trabajadores sin cobrar ni un euro más. Esto es más complicado de lo que parece.
Mientras tanto el caos se instala cómodamente, vamos que ha hecho la mudanza en toda regla. Tenemos cuatro cajas de zumo de melocotón y ninguna de naranja, el Sprite no va a salir por las orejas,al tiempoque nos quedamos sin agua, por contar algo, y el sábado que viene si despide a “C”, yo me voy de vacaciones, y “J” tiene permiso, se quedan solos “I” y “JC” para llevarlo todo. La desorganización es absoluta y lo peor es que encima “JC” con su prepotencia, o su ignorancia, no sé muy bien, se cree que lo está haciendo bien, y eso es lo peor, que no duda, porque quien duda es capaz de corregir, pero el que no, pues…y así va el barco sin timón y a la deriva, la suerte es que seguimos teniendo agua debajo y ayer hicimos ochocientos y pico euros en un mes cuya media son los quinientos, pero más tarde o más temprano aparecerá el iceberg y se irá todo al carajo.

Fruto de esta tensión que se masca, ayer “I” y “J” discutieron, sobretodo porque “I” estaba hasta los ovarios de “JC” y su descontrol, ya que el “muchacho” no da más de si y lía una con las comandas que hay que estar no sólo atento a lo tuyo si no encima estar pendiente de lo que tendría que hacer él, lo cual nos da el doble de trabajo, sobre un trabajo que ya está doblado. “I”, que recordemos está poseída a ratos por el fantasma de la despedida “S”, saca a relucir esa mala leche y ese mal carácter palabrotero y de contestaciones fuera de tono en cuanto te descuidas, y el pobre “J” que es el único que está en la cocina, porque “JC” ha asumido el papel de “C” en la barra, no es que vaya saturado es que está sobredimensionado, con voces por la izquierda, la derecha y hasta de ultratumba, con una cocina a una temperatura bastante superior a la exterior, como es normal acaba explotando cuando la otra le viene a chillar. Y en medio de todo este embrollo, que “JC” propicia con su incompetencia, me dice este que actúe de “encargado” para evitar que se peleen cuando se marche, o sea que el prende el fuego y tengo que apagarlo yo, algo que por cierto no hizo falta porque en cuanto se largó, estos dos no tuvieron ni un solo roce, dejando patente el origen de la fricción.
Y así nos va en el bar de nunca jamás.
