Desorientación matutina
Estaba adormilado entre las sábanas calentitas y os puedo asegurar que por un momento, sin saber porqué, he pensado que era domingo, mí día de descanso. La realidad se hizo patente según me iba despertando...es martes, uf, todavía me queda toda la semana para volver a descansar. No sé si habrá sido por lo del cambio de hora, porque estas cosas a mi no me pasan, casi siempre sé el día en que vivo y si me apuras hasta la hora, pero mi cuerpo confabulado con mi mente hoy han conseguido engañarme durante un rato.

Ayer fue un día particularmente movidito. Tuve que hacer un cocido, limpiar unos pimientos asados, de los rojos, y filetear unas pechugas de pollo, freirlas y pasarlas a una maceración de aceite y comino donde las conservo en la nevera durante la semana, algo muy cómodo porque luego es llegar y comértelas. Después, a las ocho,llevé a los mayores al instituto, porque mi mujer había ido tenido que llevar a mis suegros al pueblo al entierro del hermano de mi suegro, el cual ha fallecido de una parada cardio respiratoria. Toda la vida su mujer quejándose de lo mala que estaba y al final el que se va antes es él. Que injusta es la vida. 
Estuve mi ratito de atasco para llegar al gimnasio y medio entrené, dadas las circuntancias en las que me hallo, o sea que conseguí que no me doliese mucho el hombro. A veces miro los pesos que muevo, particularmente en los deltoides, y resultan tan ridículos que si uno no tuviera claro que he de apaciguar a mi ego y que el objetivo es la rehabilitación, creo que me moriría de pura verguenza. Por suerte, lento eso si como una tortuga, parece que el haber disminuido las cargas en un 50 % está permitiendo algo la recuperación, a ver si es verdad y funciona, que uno ya no sabe que más probar sin hartarse de pastillas asquerosas.
