Se desbordó el vaso
Al final el vaso se desbordó y "C" harto de aguantar, reventó, tiró las llaves del bar y dijo que se iba. Ni que decir que mí jefe se cagó por la pata abajo. La situación con respecto al hermano y la hija de mí jefe, que en ningún momento han aceptado la jerarquía de mando, génesis de todo el problema, había llegado al límite, o mejor dicho a otro nuevo límite, sólo que este parecía el último. Durante una hora hubo una especie de tira y afloja, que llegó a salpicarme a mi, que intentaba quedarme al margen, ya que entre otras cosas nunca me preguntó el marshall sobre el tema, quizá porque ya sabía de que pie cojeaba su familia, o quizá porque mí opinión le importaba un bledo y desde luego no iba a ser yo quien fuera en plan chivato a contarle las verdades, que si me hubiese preguntado habría contestado, pero como no lo hizo en su momento, no iba a sacar uno el conflictivo tema.

Más de una vez he reflexionado sobre que tendría que decirle y más de una vez he acabado dándome cuenta que una vez abierto el grifo sabe dios como acabaría todo de agua. No podría hablar con franqueza, porque siempre el final de la exposición, terminaba con un dame el finiquito que me voy y aquí te quedas con tu puta familia de los cojones. El caso es que siempre empezaba muy bien, pero según me iba acelerando, las oleadas de indignación subían el tono hasta que los improperios superaban con creces al resto de las palabras, por eso decidí callarme, morderme la lengua hasta hacerme sangre si fuera preciso o necesario, pero no dejar que empezase a decir algo que no sabría a ciencia cierta como acabaría.

Como resultado del enfado de "C", "H" le pidió disculpas, aunque dudo que un tio de más de cuarenta años vaya a cambiar su actitud, dado a esas alturas de la vida, es parte de tu personalidad, así que más tarde o más temprano volveremos a tener otra por el estilo, ya que "H" no hace más que echar gotas al vaso para que se vuelva a desbordar.
