Más paciencia que el Santo Job
Llegó el sábado, ahí estábamos con el refuerzo inesperado de "AN", un amigo camarero del jefe, supuestamente muy profesional, hay que ver lo desvirtuada que está esta palabra, porque como dijo "JL", el amigo en vez de sangre tenía horchata.
Al principio, como casi todos los principios, iba la cosa muy suave, y para variar de repente comenzó la aceleración. Uno que ya está habituado a estas avalanchas, va situándolos según llegan, atento avizor sobre el orden, lo que ya tengo controlado, etc, más que nada para evitar situaciones embarazosas del estilo de atender a una mesa que ha llegado después de otra. El otro no daba a basto, no se enteraba, se le olvidaba llevar los platos a la mesa, el servicio. Sólo hubo dos problemas, y ambos fueron con mesas suyas, que intenté solucionar con la mejor diplomacia una vez que el mal ya estaba hecho. Esto fue por la mañana, que al menos hizo algo, aunque desde luego no ayudó ni un ápice a recoger el "amigo".
Pensé que por la tarde no iría, pero cual sería mi sorpresa cuando me lo encuentro allí, apalancado viendo el futbol y el patio sin echar el toldo, ni el servicio, ni las setas, ni nada. Empiezan a entrar mesas, y de repente veo que tengo el patio lleno y todo lo estoy llevando yo, mientras el amigo sigue con la tele, entonces me dice "JL" que el jefe le está pagando cincuenta euros por venir. Supongo que en ese momento, "JL" le debió decir algo al marshall, porque el amigo salió como muy dispuesto con el comandero en la mano preguntándome si hay algo sin atender fuera, y le contesté que ya lo tenía todo atendido y servido, que mirara dentro, y me callé por prudencia, porque me conozco y si salto creo que le prendo fuego al bar con todos dentro.
Lo mejor aún estaba por llegar, y en cierta forma pienso que debió de ser una de esas pruebas que te envia Dios para comprobar tu paciencia. Eran las once y empecé a recoger el patio...solo, que había pensado dejar a "JL" que terminase lo de dentro y yo largarme, cuando al volver de uno de sus "negocios" mi compañero, me dice que le han llamado de Madrid para comunicarle que su padre había entrado en coma. Es curioso como cuando entran en juego los sentimientos de la índole que sea, su parte argentina toma el control. Entre lágrimas de desesperación me dice que se va, que no puede seguir. Al carajo lo de irme. Entre "A" y yo nos dedicamos a recoger el bar por dentro, mientras el amigo sigue apalancado en la barra viendo el futbol. Le digo que nos vamos, apago las luces, y él sigue. "A" empieza a fregar la barra con la intención de ir saliendo para afuera, y entonces el amigo, que ya le digo algo más que seriamente que nos vamos, pisa lo fregado, algo que me indigna profundamente porque no hay cosa que más me mosquee que alguien pisotee el trabajo de otro y parsimoniosamente se dedica a ponerse el jersey, mirar si lo lleva todo y mientras "A" con la fregona en la mano esperando, yo con las llaves en la mano esperando y él tan tranquilo, y sin saber lo cerca que estuvo de recibir una colleja de órdago.


despistada dijo
Collejón, collejon!!!!! :) se lo ha ganao.
3 Diciembre 2007 | 01:25 PM